With Emilia Pérez leading the Oscars as the most-nominated film, it has sparked debate. While praised in some circles, the film has raised concerns about its treatment of sensitive topics, especially after its lead actress Karla Sofía Gascón's controversial comments and the statements by director Jacques Audiard, who described Spanish as “the language of the poor and immigrants”, yet chose to make a film in Spanish and as you would expect, without respecting its cultural authenticity. 

From the start, Emilia Pérez presents itself as a progressive film, but it relies heavily on stereotypes rather than offering an authentic representation of Mexico. The dialogue feels awkwardly translated, the accents unnatural, and the setting looks like a Hollywood version of Latin America. The streets don’t appear Mexican, and the cliché “Mexican desert” scenes feel out of place, giving the film an inauthentic feel. 

The film centers on the redemption arc of a cartel leader after her transition—or as the movie itself puts it: “Man to woman, from penis to vagina”. However, the biggest issue lies in how it handles both this transition and the painful topic of narcotrafficking and enforced disappearances. Rather than exploring how the transition affects her or what it truly means for her, the film reduces it to a mere cosmetic procedure. Likewise, instead of focusing on the victims of cartel violence, it portrays the protagonist as a near-saintly figure simply because she returns the bodies of those she herself disappeared. For the Mexican and Latin American families affected by cartel violence, this is not just a questionable creative choice—it is a painful misrepresentation of their reality. 

This kind of storytelling is nothing new for Hollywood, which has a history of using Latin American struggles as backdrops for stories that don’t center the people most affected by them. Instead of honoring these stories with depth, Emilia Pérez exoticizes its setting, reducing Mexico to a mere aesthetic rather than portraying its lived experience. The lack of accountability from the cast adds to the frustration. After Zoe Saldaña won the Oscar for Best Supporting Actress, she downplayed the backlash, claiming the film wasn’t about Mexico but about universal women struggling with oppression. 

This response illustrates the core problem: the film ignores the real impact it has had on Mexican audiences. How can a film set entirely in Mexico, dealing with Mexican issues, claim not to be about Mexico? Emilia Pérez may be trying to tell a universal story, but it does so at the expense of the authentic Mexican pain. 

Representation in cinema matters, but it requires respect, authenticity, and an understanding of the weight of the stories being told. Emilia Pérez misses the mark by ignoring these responsibilities and opting for a shallow, Hollywood-ized portrayal of Mexican and trans experiences. It’s not a matter of taste or technicality; it’s about respect for the minorities that are failed to be represented in the film.

Emilia Pérez: Una BRILLANTE… caricatura de México(? 

Con Emilia Pérez liderando los Oscar como la película más nominada, ha generado un intenso debate. Aunque ha sido elogiada en ciertos círculos, también ha levantado preocupaciones sobre su tratamiento de temas sensibles, especialmente tras los comentarios controversiales de su protagonista, Karla Sofía Gascón, y las declaraciones del director Jacques Audiard, quien describió el español como “el idioma de los pobres y los inmigrantes”, y sin embargo decidió hacer una película en español y, como era de esperarse, sin respetar su autenticidad cultural. 

Desde el inicio, Emilia Pérez se presenta como una película progresista, pero en realidad se apoya en estereotipos en lugar de ofrecer una representación auténtica de México. Los diálogos se sienten mal traducidos, los acentos terribles y la ambientación parece una versión hollywoodense de Latinoamérica. Las calles no parecen mexicanas y las típicas escenas del “desierto mexicano” se sienten fuera de lugar, dando a la película una sensación de falta de autenticidad. 

La historia gira en torno al arco de redención de una líder de cartel después de su transición, o como la propia película lo expresa: “Man to woman, from penis to vagina”. Sin embargo, el mayor problema radica en cómo maneja tanto esta transición como el doloroso tema del narcotráfico y las desapariciones forzadas. En lugar de explorar cómo la transición la afecta o qué significa realmente para ella, la película la reduce a un mero procedimiento estético. Asimismo, en lugar de centrarse en las víctimas de la violencia del cartel, presenta a su protagonista como una figura casi santificada simplemente porque devuelve los cuerpos de aquellos que ella misma hizo desaparecer. Para las familias mexicanas, y latinoamericanas, afectadas por la violencia del narcotráfico, esto no es solo una decisión creativa cuestionable, sino una dolorosa tergiversación de su realidad. 

Este tipo de narrativa no es nada nuevo en Hollywood, que tiene un largo historial de utilizar las luchas de América Latina como telón de fondo para historias que no centran a las personas más afectadas por ellas. En lugar de honrar estas historias con profundidad, Emilia Pérez exotiza su escenario, reduciendo a México a una mera estética en lugar de retratar su realidad vivida. La falta de responsabilidad por parte del elenco solo aumenta la frustración. Después de ganar el Oscar a Mejor Actriz de Reparto, Zoe Saldaña minimizó la controversia, afirmando que la película no trataba sobre México, sino sobre mujeres universales que luchan contra la opresión. 

Esta respuesta resume el problema central: la película ignora el verdadero impacto que ha tenido en el público mexicano. ¿Cómo puede una película ambientada enteramente en México, que trata temas mexicanos, afirmar que no es sobre México? Emilia Pérez puede intentar contar una historia universal, pero lo hace a costa del dolor auténtico del pueblo mexicano. 

La representación en el cine importa, pero requiere respeto, autenticidad y una comprensión del peso de las historias que se están contando. Emilia Pérez falla en estos aspectos al optar por una versión superficial y hollywoodense de las experiencias mexicanas y trans. No es cuestión de gustos o tecnicismos; se trata de respeto hacia las minorías que la película no logra representar.

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