
Adapting a novella such as George Orwell’s “Animal Farm” is no easy task. How do you cast human beings to play animals – making them squeal, neigh and growl – without, for lack of a better word, being “cringey” about it?
Stratford East has found the answer: present them as they are.
Orwell’s powerful on-the-nose metaphor is revitalized on the story’s 80th anniversary through a spectacular performance that reminds us that we still have much to learn. By watching human beings perform the roles of dehumanised animals – exemplified by the corresponding species labelling on their skin and clothing – we are forced to recognise the hypocrisy of the bold statement “all animals are equal, but some are more equal than others”, confronting it in our own animal farms.
By providing the characters with modern attire and props – featuring marvels such as the street artist sheep, the fabulous stiletto boot strutting pony and the gossiping pigeon that enters and leaves the stage on a scooter – Amy Leach (director) and Hayley Grindle (designer) collaborate with Tatty Hennessy to create an adaptation that makes even the school trip that attended the same matinée showing as myself connect with the story on a personal level.
It is adaptations like these that allow newer generations to connect with classics such as Orwell in a new light, ceasing to perceive the novel as a boring assignment that is crucial to their passing English Literature. Instead, they’ll bop their heads to the beat drop of the animals’ revolution at the farm, and perhaps pick up a copy of the original text next time they pass by it in the library.
SPANISH VERSION: ¡Larga vida a la Rebelión en la granja!
No es tarea fácil adaptar para el teatro una novela corta como Rebelión en la granja de George Orwell. ¿Cómo hacer que seres humanos interpreten a animales – chillando, relinchando y gruñendo – sin que ello resulte, a falta de mejor palabra, “cringe”?
Stratford East ha encontrado la solución: presentarlos tal y como son.
La metáfora de Orwell, tan obvia como poderosa, se revitaliza en el 80º aniversario del relato original a través de un tremendo espectáculo que nos recuerda lo mucho que nos queda por aprender. Al ver a seres humanos actuando como animales deshumanizados (ejemplificados por el nombre de la especie que marca la piel y las prendas de cada uno), nos vemos obligados a reconocer la hipocresía de la afirmación “todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros” y a enfrentándonos a ella en nuestras propias granjas.
Dotando a los personajes de atuendos y accesorios modernos (como se observa en la oveja como artista callejero, el poni fabuloso con botas de tacón de aguja o la paloma chismosa que entra y sale del escenario en patinete), Amy Leach (directora) y Hayley Grindle (diseñadora) colaboran con Tatty Hennessy en una adaptación que hizo que hasta el grupo escolar que asistió a la misma función que yo conectara emocionalmente con la historia.
Adaptaciones como estas son las que permiten a las nuevas generaciones conectar con clásicos como el de Orwell, y dejar de ver una novela como otra tarea aburrida imprescindible para aprobar la clase de literatura. En cambio, se pondrán a agitar la cabeza al ritmo de la revolución de la granja, y puede que la próxima vez que pasen por la biblioteca se hagan con un ejemplar del original.