Three years have audiences waited for the second season of one of the most internationally renowned Netflix originals, and despite the show’s charm being rooted in the games themselves, director Hwang Dong-hyuk refuses to return to the scene of the Front Man’s crimes until episode 3. Instead, we are forced to endure an overindulgent amount of exposition as we catch up with our surviving characters – some known, others a shocking, or annoying, reveal –, who are actively trying to infiltrate and stop the next Squid Games from taking place.

Yet despite Netflix’s apparent tendency to mess up the pacing of their second seasons (as seen in “Arcane”), once Seong Gi-hun (Lee Jung-jae) bears the deadly 456 number on a familiar green uniform, we are reintroduced to the brilliance of this show. The new, vibrant cast manages to distinguish itself from the first, introducing new, emotional dynamics and motivations for remaining in the game – although some side characters and plot lines fail to capture the viewer’s full attention; not unlike police officer Hwang Jun-ho (Wi Ha-joon)’s side quest during the first season.

We are comforted by the familiarity of the first game in the return of “Red Light, Green Light”, and although the second seems to falter in intensity, the third masterfully combines visually stimulating action with raw psychological tension as characters are forced to team up and betray each other simultaneously to survive.

Overall, this second season masterfully manages to avoid being a mere repetition of the first, and although the finale seems to be unclear on whether it wants be a cliffhanger or not, we shall welcome the third season in June with open arms – while attempting to ignore the irony of a show who originally condemned our capitalist society falling prey to its clutches.


SPANISH VERSION | El juego del calamar, Segunda Temporada: Hágase la luz verde

Llevábamos tres años esperando la segunda temporada de uno de los “Netflix originals con mayor renombre internacional, y, a pesar de que su encanto reside en los juegos en sí, el director Hwang Dong-hyuk no vuelve al lugar del crimen hasta el tercer episodio. En cambio, nos somete a una cantidad excesiva de exposición mientras nos reencontramos con los personajes sobrevivientes (algunos conocidos, otros una revelación impactante o molesta), que tratan de infiltrar e impedir que tenga lugar el próximo juego del calamar.

Sin embargo, a pesar de la tendencia de Netflix a arruinar el ritmo de sus segundas temporadas (véase “Arcane”), una vez Seong Gi-hun (Lee Jung-jae) vuelve a ponerse el uniforme verde con el número letal 456, regresa la brillantez original de la serie. El nuevo elenco logra distinguirse con brío del primero, e introduce nuevas dinámicas emocionales y motivaciones para permanecer en el juego. Sin embargo, algunos personajes y tramas secundarias no logran captar por completo el interés del espectador, algo que había ocurrido ya en la primera temporada con la misión secreta del agente de policía Hwang Jun-ho (Wi Ha-joon).

La familiaridad del primer juego, “Luz Roja, luz verde”, nos reconforta; el segundo flaquea en cuanto a intensidad, pero el tercero combina magistralmente una acción visualmente estimulante con una cruel tensión psicológica mientras los personajes se ven obligados a formar equipos y a traicionarse mutuamente para sobrevivir.

En conclusión, la segunda temporada evita ser una mera repetición de la primera, y aunque su final parece indeciso en cuanto a su intención de mantener el suspense, esperamos con gusto la tercera temporada (programada para junio), a la vez que tratamos de pasar por alto la ironía de que una serie que originalmente condenaba nuestra sociedad capitalista haya caído víctima de esta.

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